Evitar sodio en bebés durante el primer año es crucial debido a que sus riñones inmaduros solo tienen un 80% de funcionalidad a los 6 meses. Conoce las 5 razones para controlar la ingesta de sodio (110 mg/día) y los 4 consejos de nutrición infantil para proteger su salud futura y desarrollo.
5 razones clave para evitar sodio en bebés y consejos de nutrición
La atención a los horarios de sueño y la salud del bebé a menudo desplaza un detalle fundamental en su alimentación: la ingesta de sodio. Aunque este mineral es esencial para funciones vitales, un exceso en la dieta de los infantes puede resultar altamente perjudicial. Sus riñones aún están en desarrollo, lo que les impide procesar eficientemente grandes cantidades. Por ello, evitar sodio en bebés y controlarlo es crucial durante el primer año, ya que sienta las bases de su salud futura.
Expertos en nutrición infantil advierten sobre el riesgo del exceso de sodio: los riñones del bebé a los 6 meses de edad poseen una funcionalidad de solo el 80%, lo que les impide procesar eficientemente la sal y aumenta el riesgo de daño renal.
La nutrición infantil adecuada requiere cantidades muy bajas de sodio. Expertos subrayan que la ingesta recomendada es de 110 mg al día para menores de 6 meses y de 370 mg a partir de los 6 meses. Para poner esto en perspectiva, la ingesta de un adulto puede superar fácilmente los 2,000 mg diarios, lo que ilustra la enorme diferencia en las necesidades y la capacidad de procesamiento del infante. Esta cantidad mínima se cubre adecuadamente con la leche materna sin necesidad de añadir este mineral a sus comidas.
5 Riesgos por el exceso de sodio en la infancia
Controlar la sal en la alimentación complementaria del bebé es una decisión sencilla que previene problemas de salud graves. Las 5 razones principales para evitar sodio en bebés son:
1. Daño renal y sobrecarga funcional
El principal peligro reside en la inmadurez de los riñones, cuya funcionalidad es limitada durante el primer año. Exponerlos a altas cantidades de sal los obliga a trabajar de forma ineficiente, lo que con el tiempo puede provocar daño renal, problemas de retención de líquidos y sobrecarga del sistema renal en desarrollo.
2. Mayor riesgo de hipertensión y problemas cardiovasculares
El consumo elevado de sodio en la infancia sienta las bases para el desarrollo de la hipertensión o problemas cardiovasculares en la edad adulta. Al proteger a los riñones del exceso de sal en el primer año, se reduce drásticamente este riesgo, invirtiendo en la salud futura del bebé.
3. Riesgo de deshidratación grave
El exceso de sodio requiere que el cuerpo movilice agua para diluirlo y eliminarlo. En los bebés, cuya regulación hídrica es muy sensible, un alto consumo de sal puede acelerar la pérdida de líquidos y aumentar el riesgo de deshidratación, una condición potencialmente grave que debe evitarse en bebés.
4. Interferencia con el desarrollo cognitivo y óseo
Priorizar alimentos con alto contenido de sal (generalmente procesados) puede desplazar la ingesta de alimentos ricos en nutrientes esenciales para el desarrollo cognitivo (como el hierro) y el desarrollo óseo (como el calcio). La nutrición infantil debe enfocarse en la densidad de nutrientes y no en el sabor artificial de la sal.
5. Hábitos alimentarios poco saludables y rechazo al sabor natural
Ofrecer alimentos con sal a temprana edad acostumbra el paladar del bebé a sabores artificialmente intensos. Los estudios demuestran que la preferencia por sabores salados se establece en los primeros dos años de vida, haciendo vital evitar sodio en bebés en esta etapa. Esto les permite aprender a disfrutar los sabores naturales de frutas, verduras y cereales, fomentando hábitos saludables a futuro.
4 Consejos clave para la nutrición infantil
Más allá de la prohibición de la sal, la nutrición infantil adecuada requiere atención a otras fuentes de sodio, como la hidratación. Sigue estos 4 consejos clave para proteger la salud de tu bebé:
1. No añadir sal a las comidas
Durante la alimentación complementaria, los minerales de las frutas, verduras y cereales son suficientes. Se aconseja no añadir sal a las comidas, y es recomendable mantener un bajo consumo de sodio hasta los dos años.
2. Elegir agua libre de sodi
No toda el agua es igual. Algunas marcas o tipos, como el agua de garrafón, pueden superar los 20 miligramos de sodio por litro. Por consiguiente, se recomienda utilizar un agua libre de sodio y apta para bebés, garantizando una hidratación segura que protege los riñones.
3. No dar agua antes de los 6 meses
La experta en nutrición infantil reitera que no se debe dar agua antes de los 6 meses de edad, ya que la leche materna o fórmula cubre completamente sus necesidades de hidratación. A partir de los 6 meses, se pueden ofrecer pequeñas cantidades de agua libre de sodio especial para niños.
4. Respetar la ingesta recomendada
La ingesta de sodio diaria no debe superar los 110 mg antes de los 6 meses ni los 370 mg entre los 6 meses y el año. Estar consciente de estas cifras ayuda a evitar alimentos procesados o enlatados que puedan exceder rápidamente el límite.
Una decisión sencilla que marca una gran diferencia
El primer año de vida es clave; cuidar la ingesta de sodio en la alimentación complementaria es una decisión sencilla que marca una gran diferencia en la salud futura del bebé. Al priorizar el agua libre de sodio y evitar la sal añadida, los padres protegen activamente los riñones inmaduros de sus hijos de los 5 riesgos principales, previenen la hipertensión y establecen las bases sólidas para un desarrollo saludable a largo plazo.


