El Programa de Seguridad Ciudadana de la IBERO revela que la extorsión en México escaló un 61.2% en la última década, consolidándose como el único delito de alto impacto al alza mientras el promedio de homicidios baja, afectando gravemente la operatividad de las empresas.
CIUDAD DE MÉXICO, 30 DE ABRIL DE 2026. — La realidad de la seguridad en el país presenta una paradoja alarmante: mientras algunos indicadores de violencia ceden, la extorsión en México avanza sin freno, devorando la tranquilidad de comerciantes y ciudadanos por igual. Según el reciente estudio presentado por la Universidad Iberoamericana (IBERO), este fenómeno ha mutado en una sombra persistente que hoy registra una tasa de ocho casos por cada 100 mil habitantes, obligando a replantear las estrategias de inteligencia criminal ante un panorama donde la denuncia es la excepción y no la regla.
El asedio al sector empresarial y la cifra negra de la extorsión en México
Por otra parte, los datos de la COPARMEX y encuestas oficiales como la ENVPS dibujan un escenario crítico para las unidades económicas. Asimismo, se estima que entre el 96% y el 97% de los eventos nunca llegan a un Ministerio Público, lo que significa que las 9 mil carpetas abiertas en 2025 son solo la punta del iceberg. De igual forma, el llamado cobro de piso ha pasado de ser un incidente aislado a una regulación económica impuesta por grupos criminales mediante el control territorial.
“El cobro de piso no opera como una transacción puntual, sino como un intercambio sostenido donde distintos actores compiten por proveer protección, distorsionando mercados y normalizando la violencia cotidiana”.— Programa de Seguridad Ciudadana, Análisis del cuadernillo de la IBERO.
Nuevas leyes y el reto de la desconfianza institucional
Finalmente, aunque el Gobierno Federal ha impulsado la Estrategia Nacional contra la Extorsión para perseguir el delito de oficio, los especialistas de la IBERO advierten que las leyes no bastan. En conclusión, el combate efectivo requiere fortalecer la inteligencia financiera y atacar el tráfico de armas, pues el 40% de las extorsiones presenciales se cometen con armas de fuego, perpetuando un ciclo de miedo que erosiona la confianza ciudadana y el tejido empresarial.


