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La industria alimentaria mexicana avanza hacia el futuro gracias a la sostenibilidad porcina de Kekén, implementando tecnologías para reducir el consumo hídrico y garantizar bienestar animal. Con esto, el sector equilibra la alta rentabilidad con el respeto al medio ambiente.
CIUDAD DE MÉXICO, 23 DE ENERO DE 2025. — La producción de alimentos a gran escala enfrenta el reto de asegurar el abasto sin agotar el entorno. En este escenario, la sostenibilidad porcina de Kekén demuestra que el cuidado de los recursos naturales puede integrarse a las operaciones diarias. Durante el año pasado, el país generó 1.7 millones de toneladas de carne, un volumen que hoy busca alinearse directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas.
El impacto hídrico y la sostenibilidad porcina de Kekén
Asimismo, la optimización del agua representa uno de los mayores desafíos operativos en las granjas. Mediante el programa Meta Descarga Cero, la empresa ha logrado reducir hasta un 50% el consumo hídrico desde 2018 gracias a procesos avanzados de tratamiento y reutilización en regiones clave.
De igual forma, estas prácticas aseguran que las instalaciones cumplan con normativas internacionales de higiene y sanidad. Esto permite que el producto exportado a mercados sumamente exigentes como Japón mantenga exactamente la misma calidad que el distribuido en América Latina o Yucatán.
“Hoy se transita hacia una porcicultura sustentable que genera valor y rentabilidad económica; la sustentabilidad no es una opción, es el único camino para garantizar el futuro de la producción en armonía con el medio ambiente y la sociedad”.— Alicia Nuñez Turriza, Gerente de Sustentabilidad de Kekén.
Beneficios sociales y desarrollo comunitario
Por otra parte, la actividad va más allá de la protección ambiental al representar el sustento de miles de personas. La industria genera más de 40 mil empleos, mientras que programas específicos como Apoyo Agrícola mejoran las condiciones de vida de más de 500 familias en comunidades rurales.
En conclusión, el desarrollo del sector de cara al 2025 evidencia que la adopción de tecnología y protocolos éticos rinde frutos. La agroindustria mexicana comprueba que alimentar a una población creciente sin comprometer el equilibrio ecológico es un objetivo completamente alcanzable.


